El fútbol como herramienta de educación
Formar futbolistas no significa únicamente enseñarles a jugar al fútbol. Durante nuestra experiencia en la Academia de Futebol de Angola, comprendimos que muchos de los jóvenes que llegaban a la institución necesitaban desarrollar, junto a sus capacidades deportivas, nuevos hábitos de convivencia, responsabilidad, disciplina y comportamiento.
Por este motivo, la AFA desarrolló un Regulamento Interno de Conducta, concebido como una herramienta educativa para acompañar al jugador durante todo su proceso de formación. El objetivo no era simplemente establecer normas. El objetivo era educar.
La Academia entendía que un jugador que aspiraba a alcanzar el alto nivel debía aprender también a convivir, respetar, asumir responsabilidades, cuidar su entorno y representar dignamente a la institución.
Una Academia también educa
El reglamento establecía que los jugadores debían desarrollar su comportamiento de acuerdo con unos principios que constituían la base de la convivencia dentro de la Academia:
EXCELENCIA · CAMARADERÍA · VALOR · EDUCACIÓN · PROFESIONALISMO · RESPONSABILIDAD
Estos principios no estaban destinados únicamente al terreno de juego. Formaban parte de la vida cotidiana del futbolista. La intención era que el jugador comprendiera que la educación, el respeto y la responsabilidad también forman parte del proceso de formación deportiva.

Educar en todos los espacios
El código de conducta regulaba diferentes situaciones de la vida diaria de los jugadores. No solamente el entrenamiento y la competición.
También establecía orientaciones sobre:
- puntualidad;
- lenguaje y formas de comunicación;
- respeto a compañeros y profesionales;
- cuidado de las instalaciones y del material;
- comportamiento durante los entrenamientos;
- comportamiento en los partidos;
- viajes y concentraciones;
- vestuario;
- comedor;
- gimnasio;
- biblioteca y anfiteatro;
- transporte;
- formación complementaria;
- alimentación y descanso;
- utilización responsable de las redes sociales.
De esta manera, la educación no terminaba cuando finalizaba el entrenamiento. El jugador debía aprender a comportarse correctamente en todos los espacios en los que representaba a la Academia.

Educar para convivir
Uno de los aspectos fundamentales del proyecto era enseñar al jugador a relacionarse correctamente con las personas que formaban parte de su entorno. El reglamento establecía la necesidad de actuar con educación, disciplina y respeto hacia compañeros, entrenadores, dirigentes, médicos, fisioterapeutas, trabajadores, conductores y demás profesionales de la Academia.
También se exigían puntualidad y responsabilidad en entrenamientos, partidos, concentraciones, desplazamientos y reuniones. Incluso aspectos aparentemente sencillos, como utilizar un lenguaje correcto o cuidar las instalaciones, formaban parte del proceso educativo. Porque aprender a respetar al compañero también es una forma de aprender a respetar a los demás.
Educar para competir
El terreno de juego también era un espacio educativo. El jugador debía aprender a ganar, pero también a perder.
Debía comprender que el resultado forma parte de la competición, pero que la manera de competir define también al deportista. Aceptar una sustitución, permanecer en el banquillo, respetar al árbitro y al adversario, controlar las emociones y mantener una actitud correcta después de una victoria o una derrota también formaban parte del aprendizaje.
El error tampoco debía entenderse como un fracaso definitivo. Equivocarse forma parte del proceso de aprendizaje.
Por eso, competir correctamente significaba mucho más que intentar ganar. Significaba aprender a competir con respeto, responsabilidad y actitud deportiva.

La responsabilidad del futbolista
El reglamento no pretendía controlar únicamente el comportamiento del jugador. Pretendía ayudarle a comprender que formar parte de una Academia implicaba asumir responsabilidades. Cada jugador representaba a su familia, a sus compañeros, a sus entrenadores y a la propia institución.
Por eso, aspectos como la puntualidad, el cuidado del material, el respeto por las instalaciones, el comportamiento durante los desplazamientos o la actitud ante los demás adquirían una dimensión educativa. El futbolista debía entender que sus acciones hablaban también de la institución que representaba.
Esta responsabilidad adquiría todavía mayor importancia cuando los jugadores viajaban para participar en competiciones y actividades internacionales. Representar a la AFA significaba también representar una manera de entender el fútbol y la educación.

De las normas a los valores
Con el tiempo comprendimos que el verdadero éxito del proyecto no consistía simplemente en conseguir que los jugadores cumplieran un reglamento. El verdadero éxito era conseguir que entendieran por qué existían esas normas. No queríamos formar jugadores simplemente obedientes.
Queríamos formar:
jugadores responsables; jugadores capaces de tomar decisiones; jugadores capaces de respetar; jugadores capaces de convivir; jugadores capaces de representar dignamente a su familia, a su Academia, a su club y a su país. Las normas eran el punto de partida. Los valores eran el objetivo.

El objetivo final
El fútbol fue nuestra herramienta de trabajo. Pero la educación fue siempre una parte esencial de nuestro proyecto.
Porque un jugador puede llegar o no llegar al fútbol profesional. Puede ganar títulos o quedarse por el camino. Puede convertirse en una estrella o desarrollar otra profesión. Pero los valores que adquiere durante su formación pueden acompañarlo durante toda su vida.
Por eso entendíamos que:
ANTES DE FORMAR FUTBOLISTAS, DEBEMOS FORMAR PERSONAS.
Y que:
EDUCAR PARA COMPETIR ES TAMBIÉN EDUCAR PARA LA VIDA.
Reflexión final
El Proyecto Educar para Competir nació de una convicción: el talento necesita educación para convertirse en verdadero potencial. El Reglamento Interno de Conducta fue una herramienta para acompañar ese proceso y establecer un marco de convivencia basado en la excelencia, la camaradería, el valor, la educación, el profesionalismo y la responsabilidad.
Pero el verdadero propósito nunca fue conseguir jugadores que simplemente obedecieran unas normas.
Fue ayudarles a comprender que cada comportamiento, cada decisión y cada actitud formaban parte de su proceso de crecimiento. Porque nuestro objetivo nunca fue únicamente formar mejores futbolistas. Fue ayudar a formar mejores personas a través del fútbol.
Toni Cortés
Director Técnico de BCNwinMethod

