28 Feb Pádel en Barcelona: el auge de un deporte que castiga rodillas y codos
En Barcelona ya no sorprende ver pistas de pádel llenas un lunes por la noche. Se multiplican las ligas de empresa, los torneos exprés de fin de semana y los grupos de WhatsApp. El pádel ha dejado de ser una actividad de unos pocos. Y los traumatólogos de Barcelona lo están notando.
Cada semana llegan pacientes con un perfil similar: jugadores amateurs que insisten en que solo juegan “por diversión”, que no entrenan pero encadenan partidos, y que llevan meses con molestias persistentes. Rodilla y codo están entre las articulaciones que más sufren en este deporte, junto con tobillos, hombros y la zona lumbar.
El “codo de tenista” no es el único problema
Aunque el “codo de tenista” (epicondilitis) se ha convertido en el diagnóstico estrella cuando se habla de pádel, vemos muchas más lesiones que esa:
- Tren inferior: tobillo, gemelos, rodillas, fascia plantar o tendón de Aquiles.
- Tren superior: codo y hombro.
- Columna: sobre todo la zona lumbar.
Algunas de las lesiones más frecuentes son:
- Epicondilitis: ese dolor punzante en la parte externa del codo al hacer un revés, agarrar fuerte la pala o incluso levantar una sartén.
- Esguince de tobillo: típico tras un frenazo en seco, un mal apoyo o una caída después de un salto.
- Fascitis plantar y tendinopatía aquílea: la planta del pie y el tendón de Aquiles sufren con los saltos, los arranques y los cambios de ritmo.
- Rotura de gemelo o sobrecarga muscular: lo que muchos describen como “un latigazo” al arrancar en una carrera.
- Dolor lumbar: frecuente en quienes rotan mucho el tronco sin una base de fuerza sólida en abdomen y glúteos.
- Tendinopatía del manguito rotador: dolor de hombro al rematar, al sacar o al intentar dormir sobre ese lado.
El patrón se repite: adultos con vida sedentaria —trabajo de oficina, coche, poco movimiento diario— que eligen el pádel como vía de escape. Pero, sin una preparación física mínima.
Más que un deporte de “bajo impacto”, el pádel se comporta como una actividad de alta demanda explosiva cuando se practica sin progresión ni entrenamiento.
Rodillas: giros, frenadas y meniscos bajo presión
La rodilla paga un precio alto en cada partido. El juego exige giros, cambios de ritmo constantes y frenadas. Todo eso, repetido varias veces por semana, recae sobre tres estructuras clave: cartílago, meniscos y ligamentos.
Qué puede pasarle a tu rodilla:
- El cartílago se desgasta con los impactos y las cargas repetidas, sobre todo si ya hay cierta artrosis de base.
- Los meniscos se comprimen o se pueden lesionar en giros con el pie mal apoyado.
- Los ligamentos —en especial el lateral interno y, en algunos casos, el cruzado anterior— sufren en gestos forzados.
Factores de riesgo habituales:
- Más de 35–40 años.
- Sobrepeso, que multiplica la carga articular en cada apoyo.
- Antecedentes de lesiones previas (esguinces, meniscectomías o artrosis incipiente).
- Falta de entrenamiento específico de fuerza y de control del movimiento.
¿Cuándo preocuparse por la rodilla?
- Si la rodilla se hincha tras jugar.
- Si duele al bajar escaleras, agacharse o ponerse en cuclillas.
- Si aparecen chasquidos acompañados de bloqueo o sensación de “enganche”.
- Si el dolor persiste más de 2–3 semanas sin una clara mejoría.
Seguir jugando “a base de ibuprofenos” para aguantar no es una estrategia: solo enmascara el problema y puede favorecer que la lesión progrese hasta necesitar tratamientos más agresivos, incluida la cirugía en algunos casos.
Codo y hombro: si la técnica falla, la sobrecarga está casi asegurada
En el tren superior, el dúo problemático es claro: codo y hombro. Y aquí, más que la fuerza bruta, lo que suele fallar es la técnica y el exceso de carga en poco tiempo.
Epicondilitis: más “codo de pádel” que “de tenista”
La epicondilitis es una irritación en la inserción de los tendones extensores del antebrazo, en la parte externa del codo. En pádel aparece sobre todo por:
- Reveses mal ejecutados (brazo rígido, sin acompañar con el cuerpo ni con la rotación del tronco).
- Palas demasiado pesadas o con empuñadura inadecuada.
- Aumento brusco en la frecuencia o duración de los partidos semanales.
¿Síntomas típicos?
Dolor al agarrar la pala, molestias al levantar objetos cotidianos (una bolsa de la compra, una botella de agua) y empeoramiento tras el partido, más que durante el juego.
Hombro: remates y bandejas mal acompañadas
El manguito rotador es el conjunto de tendones que ayuda a estabilizar el hombro. En pádel, sufre especialmente con:
- Remates forzados buscando potencia a toda costa.
- Bandejas mal sincronizadas con las piernas y el tronco.
- Déficit de fuerza y control en la musculatura escapular y del hombro.
El dolor aparece al elevar el brazo por encima de la cabeza, al vestirse, al dormir sobre ese lado y, con el tiempo, puede ir acompañado de pérdida de fuerza y de movilidad.
El césped artificial también lesiona (si no vas bien calzado)
Las pistas de pádel no son inocuas: el césped artificial con arena también es peligroso. La fricción es mayor, el pie puede quedarse “clavado” en giros o frenadas, y eso aumenta el riesgo de lesiones en tobillo y pie.
Lo que suele ocurrir:
- Esguinces de tobillo por rotaciones forzadas al quedarse el pie fijado en el suelo.
- Sobrecarga de fascia plantar y tendón de Aquiles por los apoyos repetidos y los cambios de dirección.
Un error muy habitual es jugar con zapatillas de running “porque son cómodas”. Ese calzado está pensado para ir en línea recta, no para movimientos laterales intensos. Además, al ser más blandas y flexibles, suelen ofrecer menos sujeción en el mediopié y menos estabilidad en giros y frenadas.
Solución: zapatillas específicas de pádel o tenis, con suela adaptada al tipo de pista y mejor estabilidad lateral. Es una de las inversiones más rentables para prevenir lesiones.
¿Cuándo hay que parar y consultar a un traumatólogo o fisioterapeuta?
No todo dolor exige ir corriendo al médico, pero tampoco conviene normalizar cualquier molestia “porque es lo que toca si juegas mucho”.
Situaciones leves (reposo y fortalecimiento suelen bastar):
- Molestias puntuales que remiten en 48–72 horas.
- Agujetas tras volver a jugar después de un parón.
- Dolores musculares que mejoran claramente con descanso y una progresión más suave.
Cuándo conviene consultar a un traumatólogo o médico del deporte:
- Dolor persistente después de 2–3 semanas de reposo relativo o de bajar claramente la carga.
- Hinchazón visible, sensación de inestabilidad o “fallo” de la articulación (rodilla, tobillo, hombro).
- Dolor nocturno que despierta o impide dormir.
- Pérdida de fuerza, de movilidad o sensación de bloqueo en una articulación.
Una buena valoración a tiempo permite ajustar muchos problemas con plantillas, fisioterapia, programas de fuerza o pequeños cambios técnicos, sin necesidad de llegar a una cirugía.
Jugar sin dolor: cinco cambios simples que marcan la diferencia
No se trata de dejar el pádel. Se trata de jugar con cabeza para que el cuerpo aguante el ritmo.
Cinco pautas sencillas que suelen dar mucho resultado:
- Calentar en serio (10–15 minutos): Movilidad articular, algo de cardio suave (trote, skipping, saltos suaves) y unos golpes progresivos antes del partido real.
- Entrenar fuerza 2 veces por semana: Piernas, core y hombros. Bastan ejercicios básicos con peso corporal, gomas o mancuernas ligeras: sentadillas, zancadas, puentes de glúteo, planchas, remo con goma, trabajo de rotadores de hombro.
- Revisar pala y grip: Que la pala no sea más pesada de lo que puedes manejar sin forzar el codo y que el grosor del grip se adapte bien a tu mano. A veces, un simple overgrip extra reduce mucho la carga sobre el antebrazo.
- Cambiar de zapatillas a tiempo: No apurar suelas lisas ni desgastadas y usar siempre calzado pensado para pádel o tenis. El agarre y la estabilidad marcan la diferencia en esguinces y sobrecargas.
- Escuchar al cuerpo: Si algo duele cada vez más, te limita en el día a día o te obliga a modificar gestos para “proteger” la zona, no lo normalices. Mejor frenar una semana y consultar que arrastrar una lesión meses.
El pádel no es el enemigo, pero tampoco un juego inocente
El pádel se ha convertido en el deporte de moda en Barcelona: accesible, social y muy divertido. Pero su aparente inocencia puede engañar. La combinación de movimientos explosivos, giros sobre superficies resbaladizas y falta de preparación física se asocia a un aumento claro de lesiones en jugadores amateurs.
La buena noticia es que, con una mínima preparación, material adecuado y escuchando las señales del cuerpo, el pádel puede seguir siendo una fuente de placer, amistades y salud, en lugar de convertirse en el origen de lesiones crónicas o pasos por quirófano forzados.
¿Molestias en rodilla, hombro o codo que no pasan? Consultar con un especialista puede ser la diferencia entre ajustar un par de hábitos… o pasarte meses fuera de la pista.
| Autor: TeamBCN | Artículos | |
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