Metodología de fútbol

Pádel en Barcelona: el auge de un deporte que castiga rodillas y codos

Pádel en Barcelona: el auge de un deporte que castiga rodillas y codos

Pádel en Barcelona: el auge de un deporte que castiga rodillas y codos

En Barcelona ya no sorprende ver pistas de pádel llenas un lunes por la noche. Se multiplican las ligas de empresa, los torneos exprés de fin de semana y los grupos de WhatsApp. El pádel ha dejado de ser una actividad de unos pocos. Y los traumatólogos de Barcelona lo están notando.

Cada semana llegan pacientes con un perfil similar: jugadores amateurs que insisten en que solo juegan “por diversión”, que no entrenan pero encadenan partidos, y que llevan meses con molestias persistentes. Rodilla y codo están entre las articulaciones que más sufren en este deporte, junto con tobillos, hombros y la zona lumbar.

El “codo de tenista” no es el único problema

Aunque el “codo de tenista” (epicondilitis) se ha convertido en el diagnóstico estrella cuando se habla de pádel, vemos muchas más lesiones que esa:

Algunas de las lesiones más frecuentes son:

El patrón se repite: adultos con vida sedentaria —trabajo de oficina, coche, poco movimiento diario— que eligen el pádel como vía de escape. Pero, sin una preparación física mínima.

Más que un deporte de “bajo impacto”, el pádel se comporta como una actividad de alta demanda explosiva cuando se practica sin progresión ni entrenamiento.

Rodillas: giros, frenadas y meniscos bajo presión

La rodilla paga un precio alto en cada partido. El juego exige giros, cambios de ritmo constantes y frenadas. Todo eso, repetido varias veces por semana, recae sobre tres estructuras clave: cartílago, meniscos y ligamentos.

Qué puede pasarle a tu rodilla:

Factores de riesgo habituales:

¿Cuándo preocuparse por la rodilla?

Seguir jugando “a base de ibuprofenos” para aguantar no es una estrategia: solo enmascara el problema y puede favorecer que la lesión progrese hasta necesitar tratamientos más agresivos, incluida la cirugía en algunos casos.

Codo y hombro: si la técnica falla, la sobrecarga está casi asegurada

En el tren superior, el dúo problemático es claro: codo y hombro. Y aquí, más que la fuerza bruta, lo que suele fallar es la técnica y el exceso de carga en poco tiempo.

Epicondilitis: más “codo de pádel” que “de tenista”

La epicondilitis es una irritación en la inserción de los tendones extensores del antebrazo, en la parte externa del codo. En pádel aparece sobre todo por:

¿Síntomas típicos?

Dolor al agarrar la pala, molestias al levantar objetos cotidianos (una bolsa de la compra, una botella de agua) y empeoramiento tras el partido, más que durante el juego.

Hombro: remates y bandejas mal acompañadas

El manguito rotador es el conjunto de tendones que ayuda a estabilizar el hombro. En pádel, sufre especialmente con:

El dolor aparece al elevar el brazo por encima de la cabeza, al vestirse, al dormir sobre ese lado y, con el tiempo, puede ir acompañado de pérdida de fuerza y de movilidad.

El césped artificial también lesiona (si no vas bien calzado)

Las pistas de pádel no son inocuas: el césped artificial con arena también es peligroso. La fricción es mayor, el pie puede quedarse “clavado” en giros o frenadas, y eso aumenta el riesgo de lesiones en tobillo y pie.

Lo que suele ocurrir:

Un error muy habitual es jugar con zapatillas de running “porque son cómodas”. Ese calzado está pensado para ir en línea recta, no para movimientos laterales intensos. Además, al ser más blandas y flexibles, suelen ofrecer menos sujeción en el mediopié y menos estabilidad en giros y frenadas.

Solución: zapatillas específicas de pádel o tenis, con suela adaptada al tipo de pista y mejor estabilidad lateral. Es una de las inversiones más rentables para prevenir lesiones.

¿Cuándo hay que parar y consultar a un traumatólogo o fisioterapeuta?

No todo dolor exige ir corriendo al médico, pero tampoco conviene normalizar cualquier molestia “porque es lo que toca si juegas mucho”.

Situaciones leves (reposo y fortalecimiento suelen bastar):

Cuándo conviene consultar a un traumatólogo o médico del deporte:

Una buena valoración a tiempo permite ajustar muchos problemas con plantillas, fisioterapia, programas de fuerza o pequeños cambios técnicos, sin necesidad de llegar a una cirugía.

Jugar sin dolor: cinco cambios simples que marcan la diferencia

No se trata de dejar el pádel. Se trata de jugar con cabeza para que el cuerpo aguante el ritmo.

Cinco pautas sencillas que suelen dar mucho resultado:

  1. Calentar en serio (10–15 minutos): Movilidad articular, algo de cardio suave (trote, skipping, saltos suaves) y unos golpes progresivos antes del partido real.
  2. Entrenar fuerza 2 veces por semana: Piernas, core y hombros. Bastan ejercicios básicos con peso corporal, gomas o mancuernas ligeras: sentadillas, zancadas, puentes de glúteo, planchas, remo con goma, trabajo de rotadores de hombro.
  3. Revisar pala y grip: Que la pala no sea más pesada de lo que puedes manejar sin forzar el codo y que el grosor del grip se adapte bien a tu mano. A veces, un simple overgrip extra reduce mucho la carga sobre el antebrazo.
  4. Cambiar de zapatillas a tiempo: No apurar suelas lisas ni desgastadas y usar siempre calzado pensado para pádel o tenis. El agarre y la estabilidad marcan la diferencia en esguinces y sobrecargas.
  5. Escuchar al cuerpo: Si algo duele cada vez más, te limita en el día a día o te obliga a modificar gestos para “proteger” la zona, no lo normalices. Mejor frenar una semana y consultar que arrastrar una lesión meses.

El pádel no es el enemigo, pero tampoco un juego inocente

El pádel se ha convertido en el deporte de moda en Barcelona: accesible, social y muy divertido. Pero su aparente inocencia puede engañar. La combinación de movimientos explosivos, giros sobre superficies resbaladizas y falta de preparación física se asocia a un aumento claro de lesiones en jugadores amateurs.

La buena noticia es que, con una mínima preparación, material adecuado y escuchando las señales del cuerpo, el pádel puede seguir siendo una fuente de placer, amistades y salud, en lugar de convertirse en el origen de lesiones crónicas o pasos por quirófano forzados.

¿Molestias en rodilla, hombro o codo que no pasan? Consultar con un especialista puede ser la diferencia entre ajustar un par de hábitos… o pasarte meses fuera de la pista.


Autor: TeamBCN | Artículos

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